LA PANTALLA: ESA GRAN AUTOPISTA
Nuestra cultura es causa y consecuencia de nuestra cultura, retroalimentándose de ella misma para bien y para mal. Así, como parte formadora (o deformadora en muchos casos) de los roles de género, el arte, parte integrante de nuestra cultura, condiciona y modifica los roles de género. Y el séptimo arte, el cine, no se escapa de ello, se nutre de los roles de género y los alimenta, perpetuándolos en nuestra sociedad, en nuestra cultura.
En una época tan visual como en la que
vivimos, la pantalla es la gran autopista por la que circulan los estereotipos,
los “así son los hombres” y los “así son las mujeres”. Ellos, duros,
insensibles, valientes, audaces... los héroes; ellas, delicadas, sensibles,
temerosas..., generalmente con papeles secundarios o menos importantes que los
de ellos, papeles muchas veces limitados a su mera presencia física, al fin y
al cabo es lo que vende...
No solo en las imágenes que vemos en la
pantalla se reflejan estos roles, sino también en las personas que hay detrás
de las cámaras, siendo quizás este motivo uno de los que crean la situación descrita
en el párrafo anterior. El porcentaje de guiones escritos por mujeres que se
llevan a pantalla, el porcentaje de películas dirigidas por mujeres y el porcentaje
de productoras femeninas, entre otros indicadores, son significativamente
inferior al de los escritos por hombres, las dirigidas por hombres y el de
hombres productores, perpetuándose y renovándose en muchos casos los roles
asignados a las intérpretes femeninas que vimos al principio.
De este modo, esa gran autopista se
convierte en una vía de doble velocidad, el carril rápido de perpetuación de
los roles masculinos y femeninos “de siempre”, y el carril lento, lleno de
baches y de curvas, que no nos deja avanzar hacia una sociedad, hacia unas
relaciones, hacia una justicia, hacia un mundo... más igualitarios.
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